Marea “Roja” en las costas de la Florida y La calidad de nuestra agua potable.
Me permito compartirles este magnífico articulo de Fabiola Santiago, publicado el día de hoy 8 de agosto de 2018, en el Nuevo Herald de Miami.
En verdad
muy bueno y contundente. Una radiografía de la situación real del agua en
Miami.
Este párrafo,
no tiene desperdicio: “Durante sus ocho
años en el cargo, Scott ha echado atrás salvaguardas cruciales como la
inspección de los taques sépticos, que aseguran que las aguas residuales no
lleguen a las fuentes de agua potable”
Por otro lado, no se menciona,
como la Industria del azúcar, a aprovechado esta falta de regulación para la protección
del agua potable del estado, para contaminar el Lago de Okeechobee con
fertilizantes a un nivel tal que es el verdadero caldo de cultivo de estas
algas y bacterias, que se trasvasan a nuestras playas, y lo que es peor a los everglades
y de hay al acuífero de byscaine. Reservorio de agua del que todos los
Floridanos consumimos nuestra agua potable, y del cual son llenadas el 80% de
las botellas de agua que compramos en el supermercado.
Esta
es la razón, por la cual a pesar de los millones de dólares que gastan en
publicidad el agua de Miami, es la segunda peor de los Estados Unidos.
(Fotos incluidas por mi)
(Fotos incluidas por mi)
Rick Scott arruina las playas de la Florida
POR FABIOLA SANTIAGO
fsantiago@miamiherald.com
fsantiago@miamiherald.com
Es difícil explicarles a
los niños por qué este verano no pueden disfrutar del prometido viaje a las
arenas blancas y aguas cristalinas del suroeste de la Florida. Ni por qué no
los llevas al mítico El Farito, ni a Crandon Park en Key Biscayne, lugares
favoritos al comienzo del exilio, donde, recordando a Varadero, aprendimos a
querer a las playas de la Florida también.
Se te acaban
las excusas para no ir a las playas sucias estos calurosos días de verano: en
los museos no hace tanto calor, por ahí vienen tormentas, hay que visitar a la
abuela. Al final de cuentas hay que decir la verdad y enseñar a los niños las
fotos de playas llenas de algas y peces muertos, explicar la presencia de piojos
marinos en las algas, la marea roja que mata a tantos animales y las heces
fecales en el agua.
“¡Qué asco!”, dicen, y
entonces preguntan “¿por qué?”
A ellos hay que
darles la versión ligera, apta para menores, de que las playas sucias son
consecuencia de no cuidar debidamente el ambiente, pero aquí entre adultos, la
verdad es que el problema tiene nombre: el gobernador Rick Scott.
Y cómo llegamos
al punto de convertir playas, antes ensenadas e islas de barrera impolutas y
ahora cementerios de la vida silvestre, tiene un tema: cuidar del frágil
entorno natural de la Florida —y las playas, que son el principal activo
turístico del estado— no debe ser un asunto partidista, pero en este dividido
estado lo es.
Los ideólogos solamente
votan por los candidatos de su partido. Los republicanos valoran los intereses
empresariales (no importa lo sucios que sean) por encima de la protección
ambiental (eso es para los liberales debiluchos), y han encontrado su hombre en
Scott. Votaron dos veces por Scott, quien llegó a la gobernación de la Florida
por un estrecho margen, gracias a la apatía de demócratas que no votan en
números suficientes.
Durante sus
ocho años en el cargo, Scott ha echado atrás salvaguardas cruciales como la
inspección de los taques sépticos, que aseguran que las aguas residuales no
lleguen a las fuentes de agua potable. Ha reducido en casi $700 millones los
fondos para los distritos de administración de aguas, que son en lo fundamental
responsables de la protección de los canales. Y nombró a miembros de la junta
de administración de aguas a personas más preocupadas por los derechos de los
contaminadores que por la pureza del agua.
¿Quién no se
acuerda de cuando Scott ordenó al personal que no usara el término “cambio
climático?”
Los
republicanos, ayudados por la modificación de distritos electorales que les
favorecen, también eligieron legisladores que no son muy diferentes que Scott o
el presidente Donald Trump, quien ha destruido la Agencia de Protección
Ambiental y las regulaciones que nos protegen.
El destino del
estado quedó sellado por ese doble golpe. En vez de protecciones fuertes y
mentes destacadas que trabajaran en salvaguardar nuestros principales activos,
tenemos políticas derechistas que fijan prioridades y echan mano a excusas como
que los desechos tienen que ir a parar a alguna parte. Y así, en las palabras
de Jenny Staletovich, redactora de asuntos ambientales del Miami Herald, la
costa suroeste del estado “se ha convertido este verano en un matadero a causa
de la marea roja”.
Mi único
consuelo es que Rick Scott vive en una mansión frente al mar y tiene un asiento
en primera fila para ver la cantidad de peces muertos.
Sin nuestras
buenas playas, ¿qué tiene que ofrecer la Florida?
Hormigón y
ciénagas.
Las ciénagas,
vitales para la calidad del agua, se están rellenando y pavimentando cada vez
que los funcionarios electos consiguen extender los límites en nombre del
desarrollo y los empleos de salarios bajos.
Pero las malas decisiones
tienen consecuencias. Hasta los niños lo saben.
Gracias a las
políticas de Scott y de la Legislatura de la Florida, este se conocerá como el
verano que no se pudo ir a la playa.
La desesperación
de los operadores de turismo de puede percibir en los correos promocionales que
llegan a diario desde cabañas hasta hoteles en la costa oeste. ¡Precios de
ganga! ¡Noches gratis!
¿Quién necesita
tostarse al sol junto a insectos que te pican los pies y piojos marinos que se
cuelan ya saben donde? ¿Quién quiere ver el cadáver de un tiburón que murió
debido a la marea roja mientras contempla la puesta del sol en Sanibel?
Scott, a quien
le encanta convocar a conferencias de prensa y declarar el estado de
emergencia, es muy bueno atribuyéndose el crédito por cosas como la preparación
ante los huracanes, la creación de empleos y el crecimiento, el crecimiento y
el crecimiento. Scott se apresura a llegar a Puerto Rico para lucirse después
del huracán María y ganarse a los electores puertorriqueños del centro de la
Florida, y no duda en abordar las preocupaciones de política exterior de los
electores en Miami-Dade.
Pero en lo
relativo al ambiente y la calidad del agua en la Florida, estamos solos,
excepto, un momento, porque ahora se ha postulado al Senado federal y está en
una carrera cerrada con el campeón ambientalista Bill Nelson, y finalmente ha
declarado la emergencia por la proliferación de algas en el estado.
Sí, vivimos en
la Florida, las vacaciones de verano están por llegar a su fin, y no podemos
llevar a nuestros niños a la playa.
Nuestras playas
sucias se ofrecen con descuentos, USA, pero debe saber que se baña a su propio
riesgo.





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